FORMACIÓN DEL CATEQUISTA DISCÍPULO DESDE APARECIDA

  FORMACIÓN DEL CATEQUISTA DISCÍPULO DESDE APARECIDA

 

Si todos los hombres somos responsables de nuestra propia vocación y misión frente al creador, cuánto más el Catequista que ha sido llamado por Dios dentro de la Comunidad para realizar una tarea específica, que no siempre es fácil desarrollar. El tomar conciencia de esta realidad debe suscitar en el catequista una gran responsabilidad dentro de la Iglesia y esta respuesta a este llamado de Dios lo debe impulsar a adquirir una formación básica y permanente que le permita transmitir el mensaje evangélico con mayor eficiencia.

  • De aquí la necesidad de que el catequista se sienta protagonista de su propia

formación dentro de la comunidad cristiana en donde realiza su misión apostólica.

En el documento de Aparecida que no es un tratado o recetario de formación de

catequistas, podemos decir que en todo el documento nos plantea el perfil del catequista cuando se refiere a los agentes de la Nueva Evangelización, es por eso que este trabajo pretende entresacar una lectura desde una visión global del documento que nos inspire y guíe para descubrir todo lo que puede abarcarse para formación del catequista que necesitamos en este cambio de época que también debe ser tiempo para continuar la encomienda del Señor: “y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado”.

  • La vocación y el compromiso de ser hoy discípulos y misioneros de Jesucristo en

América Latina y el Caribe, requieren una clara y decidida opción por la formación de los miembros de nuestras comunidades, en bien de todos los bautizados, cualquiera sea la función que desarrollen en la iglesia.

  • Miremos a Jesús con sus discípulos, Jesús Maestro que formó personalmente a

sus apóstoles y discípulos. Cristo nos da el método: “vengan y Vean” (Jn.1,39) “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn. 14,6). Con él podemos desarrollar las potencialidades que están en las personas y formar discípulos misioneros.

Lo esencial de la formación de nuestros catequistas, es la espiritualidad en la que vive el discípulo, es un encuentro con Cristo a partir del cual surge un nuevo horizonte para la vida del evangelizador (243), una experiencia trinitaria y bautismal que nos permite superar el egoísmo para encontrarnos plenamente en el servicio al otro (240), El lugar de esta espiritualidad es la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, nuestra casa, en donde experimentamos la vida de la fe en comunidad (246), el Pan de la Palabra que nutre nuestra vida en el camino del Señor (247-249), La Eucaristía lugar privilegiado del encuentro del discípulo con Jesucristo 251, la Liturgia sacramental y no sacramental que nos llevan a penetrar más en los misterios del Reino y expresan de modo sacramental la vocación del discípulo misionero (250-254), la oración personal y comunitaria en donde el discípulo cultiva una relación de profunda amistad con Jesucristo y procura asumir la voluntad del Padre (255), la vida sostenida en la fe y el amor fraterno, el testimonio de los pastores y de quienes, algunas veces llegando a entregar la propia vida, nos invitan a buscar un mundo más justo y más fraterno 256, el encuentro con los pobres que reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio de la fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir viviendo (257). Todo ello con una fuerte devoción a María, mujer libre, fuerte y buscadora 266, discípula perfecta del Señor.

Se requiere y se exige de nosotros, una clara y decidida opción por la formación de

nuestros catequistas, una paciente tarea formativa, haciendo incluso a un lado, nuestro afán por producir materiales y subsidios o por diseñar estructuras y modelos de organización. Es una formación con Jesús maestro, pues solo en El podemos desarrollar las potencialidades que están en las personas y formar discípulos misioneros (DA276), una formación experiencial, que hunde sus raíces en la naturaleza dinámica de la persona y en la invitación personal de Jesucristo, que llama a los suyos por su nombre, y éstos lo siguen porque conocen su voz (DA277). Un proceso de formación en el que destacan cinco aspectos fundamentales: encuentro con Jesucristo, conversión, maduración en el discipulado, comunión, misión (DA278).Una formación que ha de integrar armónicamente en una unidad vital sus diferentes dimensiones: Humana, y comunitaria, espiritual, pastoral y misionera (DA280), respetuosa de los procesos personales y de los ritmos comunitarios (DA281) e integrando en la práctica la acción misionera (DA284). Una formación que requiere de nuestro acompañamiento, no solamente del diseño de planes de estudio y apertura de centros de capacitación (DA282).

  • En primer lugar ha de ser la familia, en ella la persona esboza sus primeros rasgos

vocacionales (DA302-303); la parroquia, hogar primero para la vivencia de nuestro servicio evangelizador (DA304-306); las pequeñas comunidades eclesiales, ámbito propicio para vivir la fraternidad y fortalecer el compromiso del discípulo en la sociedad actual (DA307-310); los movimientos eclesiales, que desde sus diferentes carismas, son invitados a vivir la profunda unidad con la Iglesia diocesana, no solo de fe sino también de acción (DA311-313); los seminarios y casas de formación religiosa, espacios privilegiados de formación de discípulos y misioneros de Jesucristo (DA314-327). Cada uno de estos lugares ha de integrar la formación en una red dinámica y comunitaria, donde se viva una auténtica espiritualidad misionera 284, para que, arraigados en ella, encuentre cada lugar su espiritualidad específica en el seguimiento del Señor (DA285).

  • El itinerario formativo del seguidor de Jesús hunde sus raíces en la naturaleza

dinámica de la persona y en la invitación personal de Jesucristo, que llama a los suyos por su nombre, y éstos lo siguen porque conocen su voz. El Señor despertaba las aspiraciones profundas de sus discípulos y los atraía a sí, llenos de asombro. El seguimiento es fruto de una fascinación que responde al deseo de realización humana, al deseo de vida plena. El discípulo es alguien apasionado por Cristo a quien reconoce como el maestro que lo conduce y acompaña. (DA277)

Fuente:

Sor Gladys Castilla Tasayco C.de la C.

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