EL CATEQUISTA: CRISTIANO CON IDENTIDAD PROPIA

 

Tema 1º

El Catequista: un cristiano con identidad propi

OBJETIVO GENERAL

Abordar en qué consiste la identidad del catequista: su creación y su misión dentro de la Iglesia y en el mundo.

OBJETIVOS PARTICULARES

1º.- Reflexionar en las motivaciones que nos han llevado a ser catequistas y valorarlas a la luz de la misión que la Iglesia nos pide desempeñar.

2º.- Tomar conciencia de los rasgos que definen la identidad del catequista y contrastarlos con nuestra realidad actual: lo que somos y lo que estamos llamados a ser como catequistas.

3º.- Caer en la cuenta de la responsabilidad que tenemos entre manos y optar por una formación que, desde nuestra experiencia eclesial, nos capacite para llevar a cabo una catequesis con autenticidad y acierto pedagógico

ASPECTOS CLAVES DEL TEMA

El tema es de gran importancia, ya que intenta situar al catequista en los fundamentos de su ser y de su quehacer catequético. La síntesis del tema es una afirmación bien sencilla:

                                                                             Es el discípulo de Jesús.

El catequista

                                                                                                                            Enviado a hacer discípulos en el momento actual.

 INTRODUCCIÓN

 En este tema, en concreto, vamos a detenernos a estudiar la figura del catequista: la importancia y necesidad de su tarea, el carácter propio de la misma, los rasgos del ministerio catequético en la Iglesia y las cualidades mínimas del catequista que hoy se necesita.

Al aproximarnos a la realidad de los catequistas, nos encontramos con datos que son una clara invitación a la esperanza:

  • Lo primero que llama la atención es su elevado número. Es una constatación gozosa. La catequesis es una de las acciones pastorales mejor dotadas de agentes, si no es la que más.  Cabe preguntarse por qué se elige esta acción, precisamente, para colaborar en la misión de la Iglesia. Pero el gran número de los ejercen es un hecho que está ahí, tanto en nuestra diócesis como en todas las demás.
  • También es muy positivo constatar que, en su mayoría, los catequistas son laicos. Esto supone una importante presencia del seglar en las responsabilidades pastorales de la Iglesia.
  •  Igualmente hay que hacer notar  que en la gran mayoría de estos catequistas se da una concepción renovada de lo que es la catequesis. Ha ido quedando atrás el concebir la catequesis como mero aprendizaje memorístico, o solamente como una enseñanza, o como una mera preparación sacramental.
  • Otro dato esperanzador de la realidad de los catequistas se refiere a la influencia de la tarea catequética en la persona del propio catequista. Son muchos los que confiesan lo positivamente que les afecta: da un sentido cristiano más hondo a sus vidas, representa una oportunidad muy valiosa para su propia formación cristiana e, incluso, para crecer humanamente como personas.

 

En ti, en concreto, ¿cómo está influyendo el hecho de ser catequista

Pero junto a estos aspectos positivos de la realidad de los catequistas, aparecen, también, algunas sombras:

*  Tenemos pocos catequistas de adultos. La inmensa mayoría realiza su tarea en el campo de la catequesis de niños y jóvenes, y muy pocos en el campo de la                                   catequesis de adultos. ¿Cuál puede ser la causa?.

*   También se constata que, entre los catequistas, hay muchas más mujeres que hombres. Sería deseable que hubiera un mayor equilibrio entre unos y otros en  el ministerio catequético. Conviene analizar las razones de este desajuste.

*  Se tiene la impresión de que muchas veces los catequistas no están suficientemente integrados en la vida de la parroquia. Su acción, entonces, aparece como una acción aislada y no brota de lo más hondo de la comunidad cristiana.

*  Finalmente surgen, a veces, interrogantes sobre el suficiente sentido religioso, eclesial y social de los catequistas. ¿No estaremos necesitando una mayor hondura humana y cristiana para lograr una catequesis más eficaz?.

¿Cuáles son a tu juicio, las principales sombras que se dan en el grupo  de catequistas?

 

* No hace mucho, la catequesis que se realizaba no presentaba grandes exigen­cias a la persona del catequista. Era suficiente que supiésemos «tomar el catecismo» y «explicar» un poco las respuestas. Pero hoy, todos sabemos que no sucede así.

* En el mundo y en la Iglesia han cambiado muchas cosas. Se ha mejorado en la concepción que el hombre tiene de sí mismo, se ha avanzado en la compresión de la fe y la revelación de Dios, se han perfeccionado los métodos pedagógicos, se ha des­cubierto una nueva forma de evangelizar la Iglesia. Todo eso ha afectado a la cate­quesis. Por eso hablamos de una «nueva catequesis» e intentamos hacerla de forma distinta.

* Pero esta catequesis que necesitan el hombre y la Iglesia de hoy nos exige a los catequistas una manera de ser y unas cualidades muy determinadas.

* El catequista ideal no existe. El catequista no nace, se hace. La catequesis exi­ge un buen catequista y hay que poner el listón muy alto para ser catequista. Pero no debemos olvidar que todos nos vamos haciendo poco a poco. Es importante recordar, para animamos, el trabajo callado, humilde y generoso de tantos catequistas sencillos que van transmitiendo su fe a los demás. Así lo hacía Juan Pablo II:

      APROXIMACIÓN A NUESTRA VIDA

  En primer lugar queremos ofrecer elementos que puedan ayudar a profundizar en la identidad del catequista.

*  ¿A quién no le han venido interrogantes como estos cuando se ha decidido a ser catequista?.

¿Y qué les voy a decir yo a los de mi grupo?

– ¿ Cómo me las voy a apañar para que sea interesante lo que quiero comunicar en la catequesis?.

– ¿ Voy a ser capaz de animar un grupo, de entrar en relación con cada uno de sus miembros?.

Estas pueden ser las primeras preguntas o preocupaciones. Es muy normal.

* Pero a medida que vamos entrando en el mundo de la catequesis, van cambiando nuestras preocupaciones. Nos damos cuenta de que lo más importante es nuestro convencimiento y vivencia  de la fe en Dios, que conocemos y amamos como Padre gracias a Jesucristo.

Es necesario que nos demos cuenta de cómo un catequista que no esté iniciado en lo más elemental de la fe difícilmente podrá iniciar a otros; sin embargo, la expe­riencia muestra que la tarea catequética contribuye a la maduración en la fe del propio catequista y, además, que el Señor llama incluso cuando uno no está a la altura de las circunstancias y de la misión que se le encomienda. ¿Tiene esto algo que ver con nuestra propia historia?

– ¿Estamos iniciados en lo más elemental de la fe?

– ¿Hemos madurado en la fe, catequizando?

– ¿Estábamos preparados cuando fuimos llamados a catequizar.

 

PARA TU REFLEXIÓN

 Apunte bíblico

Es bueno que te hagas esta pregunta: “¿Por qué me he hecho catequista?”. ¿Ha sido como respuesta a una invitación que te han hecho? ¿Una toma de conciencia de tu condición de creyente? ¿Un testimonio que has recibido? ¿Un compromiso que has querido tomar?… Los caminos han podido ser diversos, pero en el fondo hay siempre una llamada de Dios:

“No me escogisteis vosotros a mí, sino que yo os escogí a vosotros” (Jn 15, 16).

En tu acción catequizadora cuentas con el apoyo del mismo Dios. El Espíritu pondrá en tu boca la palabra adecuada:

“No sé hablar, pues soy un muchacho” (Jer 1,6).

“Pongo mis palabras en tu boca” (Jer 1, 8).

“No os preocupo cómo o qué hablareis, porque se os dará en aquella hora lo que debéis decir” (Mt 10, 19-20).

El catequista desempeña un ministerio eclesial:

“Él mismo dio a unos ser apóstoles; a otros, profetas, evangelizadores; a otros, pastores y maestros… para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef 4, 11-12).

Apunte magisterial

“Ojalá que el mundo actual, que busca a veces con angustia, a veces con esperanza, pueda así recibir la Buena Nueva no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo” (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 80).

“De todos los elementos que integran la acción catequizadora de la Iglesia el más importante es, sin duda, el agente de esa acción: el catequista. Su presencia es insustituible” (Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, El Catequista y su formación, Intr. )

“Los imperfectos… son llevados y formados, como en las entrañas de una madre, por los más perfectos hasta que sean engendrados y alumbrados a la grandeza y belleza de la virtud” (San Metodio de Olimpo, Symposium III, 8)

Iluminación doctrinal

* A veces para dar catequesis nos preocupamos de preparar muchas cosas: ma­teriales, actividades, locales… Todo eso es importante. Sin embargo creo que lo pri­mero que tenemos que «preparar» es nuestra propia persona. A la hora de realizar nuestro servicio catequético se nos plantean muchas exigencias, pero lo primero que hemos de cuidar es nuestra propia persona, pues es la base sobre la que se asentará todo lo demás.

*  Por poca experiencia que tengamos de catequistas, sabemos que dar catequesis es un «arte» y no se puede realizar de cualquier manera. A la pregunta: ¿Qué tengo que hacer para ser un buen catequista?, la respuesta es: Desarrollar una manera de ser, una personalidad interior que nos capacite para ser un buen catequista. Esta ma­nera de ser se puede concretar así: ser un adulto preparado.

Si queremos una catequesis renovada, la prioridad debemos ponerla en lograr cate­quistas preparados, ya que «cualquier actividad pastoral que no cuente para su rea­lización con personas verdaderamente formadas y preparadas, necesariamente carecerá de valor» (EN, 44).

Tomado de la Diócesis de Albacete

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