EL CATEQUISTA DISCÍPULO

EL CATEQUISTA DISCÍPULO DEL SEÑOR

Meditaciones de Gaetano Gatti sobre el Evangelio

PRESENTACIÓN

Si la sociedad de hoy va tan mal, la causa fundamental está en el alejamiento de Dios: igual le sucedía al pueblo hebreo cuando se alejaban de Yavé. Y si la sociedad de Dios está alejada de Dios, se debe a la falta de instrucción religiosa, como les decía San Pedro a los Israelita, cuando les hablaba del pecado que habían cometido al hacer crucificar al Señor: “Ahora bien, hermanos, sé que obraste por ignorancia, igual que vuestros jefes” (He 3,17).

La misión del apóstol, del discípulo del Señor, es la de predicar el Evangelio, para acabar con la ignorancia que lleva al alejamiento de Dios, al pecado y a la perdición de los hombres, de la humanidad entera. Y el catequista es, ante todo, un discípulo del Señor. Él no es un profesor cualquiera, no es un maestro cualquiera, cuya enseñanza va a parar solamente a la cabeza del interlocutor sino al corazón de todos y a cada uno de ellos, para que, ilustrado el entendimiento y transformado el corazón, haya un cambio de vida.

La misión del catequista es, la de señalar el camino a los niños, adolescentes, jóvenes y adultos para llegar al Padre. Por medio de Cristo. De aquí la importante necesidad de que el catequista haya primero recorrido ese camino, conozca la Palabra de Dios, la ame y la predique con alegría con la palabra y con el testimonio de vida. Hoy, el catequista, que quiere cumplir responsablemente su misión o ministerio en la comunidad cristiana, siente la necesidad de una espiritualidad profunda. Lo confirma el éxito de este libro, que es una valiosa ayuda para el catequista en la meditación de la Palabra de Dios, con el fin de poderla trasmitir mejor y fielmente a los demás.

Nadie da lo que no tiene: como, podría el catequista, que es un apóstol, dar con gusto, alegría y convicción, la Palabra de Dios, si él mismo no la conoce, no la gusta, no la comprende, no está empapado de ella.

TU VERDADERO NOMBRE

No puedes ser catequista sin sentirte profundamente un discípulo del Señor.

Sería un contrasentido

“Discípulo” es tu verdadera característica evangélica.

Es el nombre que Jesús da a los que conviven con él, a los que condividen con él sus actitudes hacía el Padre, a los que unen su voz a la oración y participan en las fatigas y alegrías del anuncio del Reino.

Eres en verdad un discípulo del Señor?

Se llega a ser discípulo día, a día, siguiendo al Maestro, sin cansarse de caminar con él, es decir, creyendo en su Palabra y creciendo en su amor.

Otros te han precedido en esta experiencia maravillosa. Son los discípulos del Evangelio, y, en particular, María de Nazaret, la Madre del Señor.

Probablemente ya conoces la historia de su llamada. No importa! Hay que meditarla, sentirla nuevamente, comparte como “catequista” con sus actitudes interiores, para volver a recorrer el camino de descubrimiento y de encuentro con el Maestro, desde el comienzo de su ministerio, a la muerte y resurrección, hasta la venida del Espíritu Santo.

En la escucha de la Palabra, trata de revivir interiormente la experiencia del discípulo en el seguimiento del Maestro.

En efecto, “solamente una profunda comunión con él, los catequistas encontrarán la luz y la fuerza para la auténtica y tan deseada renovación de la catequesis” (CT 9).

Así llegarás a ser consciente “de obrar como instrumento vivo y dócil del Espíritu Santo… prometido a la Iglesia y a cada uno de los fieles como un Maestro interior…principio inspirador de toda la obra catequética” (CT 72).

Te lo deseo de corazón por intercesión de María, la primera entre los discípulos del Señor, “Madre y modelo de los catequistas” (CT 73).

 

 

 

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