EL GRUPO DE CATEQUESIS

EL GRUPO DE CATEQUESIS

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EL GRUPO DE CATEQUESIS   

La catequesis mira con especial interés y afecto la dinámica que se emplea para hacer efectiva y eficaz la educación de la fAe en los catequizandos.

El grupo de catequesis es de la máxima importancia para establecer las condiciones mínimas para la formación del cristiano.

El hombre no está hecho para la soledad, sino para el grupo cercano: la familia, los amigos, etc. En el grupo el hombre se descubre, se sensibiliza y se enriquece. Cuando el grupo cumple con su función de ser espacio vital para la expresión personal, entonces resulta una de las fuerzas más decisivas para la configuración de la personalidad.

La fe cristiana no sólo asume esta necesidad del hombre, sino que la potencia en lo posible y la da una nueva dimensión. No hay vida cristiana sin comunidad. No es posible al cristiano madurar en su propia fe de forma aislada, en soledad, sino que lo hace con normalidad en el seno de un grupo humano, de un conjunto pequeño de personas que buscan, viven, comparten, se apoyan, celebran su fe en comunión.

Por eso, como catequistas, como animadores de un grupo, es preciso explorar y conocer:

* Qué es un grupo y cómo funciona.

* Qué proceso de maduración suele seguir,

* Qué supone el grupo en la catequesis.

* Cómo animar el grupo y tratar a cada uno según su personalidad.

* Qué riesgos o alteraciones se pueden producir.

* Cuál es la función del catequista en cuanto animador.

  1. QUE ES UN GRUPO Y COMO FUNCIONA

El grupo no es un conglomerado o una suma de personas. Es una realidad nueva y original que brota de la conjunción de quienes lo componen.

Los rasgos del grupo nos deben ayudar a comprender su identidad:

* Hay pluralidad de personas. Cada una tiene su propia historia, condicionamien­tos, limitaciones… Cada uno es original y distinto.

* Existen relaciones mutuas. La interrelación entre los miembros de un grupo, permite que se vaya creando un clima de diálogo, una red de relaciones, una dinámica de cohesión.

* Participan en una finalidad compartida por todos. El objetivo motiva y moviliza al grupo, es fuente de creatividad y fecundidad. Y realizan una tarea común.

* La tarea es el medio por el cual se realizan los objetivos. Una tarea común hace que los miembros maduren.

Se reparten roles o funciones diferentes, pero que se compenetran entre sí. Cada miembro aporta su riqueza, lo que es y lo que tiene. El grupo concede roles a cada miembro por lo que advierte en su persona. Y juntos van creando una historia común. Una historia de grupo que sólo ellos pueden comprender bien. Esta historia es la que permite al grupo dialogar con otros grupos, compartir y contrastar la vida.

MADUREZ DE LOS GRUPOS DE CATEQUESISEl ideal es que los grupos de catequesis sean:

– Grupos vivos en lo humano. El grupo es como un ser vivo, con su propio dinamismo de crecimiento. Se dan en él diversas formas de desarrollo.

– Grupos cristianos. Por lo tanto su referencia a los valores espirituales:       pues nacen para educar la fe de los miembros que lo componen y esto supone, instrucción, participación, colaboración, experiencias y vitalidad.

– Grupos infantiles, juveniles, adultos, según el nivel en que se mueven las personas que los forman, sin pretender uniformidad ni dependencias. Las personas se sienten acogidas y libres.

    No siempre es posible hacer grupos perfectos. Cierto realismo exige que los grupos sean, como las personas, reales, dinámicos, móviles y flexibles. Para llevar bien un grupo hay que estar a igual distancia de la indiferencia o del perfeccionismo. Sin realismo, el grupo puede transformarse en una plataforma de tensiones. Con sentido práctico y sobre todo con juicio abierto, el grupo es una oportunidad irremplazable de formación cristiana

 LA VIDA DEL GRUPO

 El grupo en la catequesis es un organismo vivo. Es el lugar privilegiado para la educación de la fe, porque:

– la catequesis es una iniciación en la vida comunitaria de la Iglesia. A vivir en comunidad se aprende integrándose en una comunidad.

– la catequesis responde a las exigencias del hombre moderno y abre multitud de posibilidades y dinámicas fecundas de formación cristiana.

– la catequesis es una ¡aborde Iglesia y la Iglesia es el grupo de Jesús que dura siempre, hasta el final de los tiempos.

El grupo es, por tanto el sujeto activo de la catequesis. El catequista está llamado a ser el lazo de unión entre los miembros del grupo. Y un signo de unidad entre el grupo y la fe de la Iglesia.

Pero el catequista tiene que ser consciente de que actúa con el grupo como organismo vivo, y no sólo como un recurso metodológico.

– El grupo nace, y conviene que su nacimiento resulte sano y agradable. Se agrupan los miembros, se descubren, se conocen, se abren, establecen vínculos de simpatía y de comprensión. Interesa que el catequista contribuya al alumbramiento ilusionado del grupo como ser vivo, como acontece a todo ser vivo

– El grupo crece, se desarrolla, va tomando consistencia, adquiere personalidad, aunque sólo lo consigue poco a poco y por medio de tiempo. Precisa ejercicios de integración y de colaboración conformes con la edad y madurez de los miembros que lo componen.

– El grupo madura, al menos en lo esencial, y llega a cierta consistencia, que se muestra en la compenetración de los miembros y en el espíritu que anima a cada participante. Lo interesante de la madurez del grupo es la forma de convivencia de los individuos, distintos pero compenetrados, cercanos pero diferentes, autónomos pero solidarios.

– El grupo entra o puede entrar en crisis… en tensión… con alguna enfermedad, contrariedad o trauma. Si es sano, las crisis se superan. Si es débil queda herido o enfermo. Ocasionalmente puede quedar destruido. El catequista prevee las enfermedades, asume sus consecuencias, en lo posible trata de remediarlas oportunamente.

– El grupo tiene que terminar o morir. Un grupo no es eterno y muchas veces el catequista tiene que acompañar la terminación del grupo, por ejemplo contribuyendo a que queden recuerdos bonitos, gratificantes, agradables.

  • No hay que olvidar que el grupo puede reproducirse o propagarse.
  1. 2. LA ANIMACIÓN DE UN GRUPO CATEQUETICO

Animar un grupo es avivar el dinamismo que tiene dentro: suscitar, transforma fomentar actitudes positivas, poner en movimiento, favorecer la participación de todo

El animador debe conocer en profundidad al grupo.

Y debe revestirse de estas actitudes, que estimulan su acción:

   – Apertura al grupo y a la realidad.

      – Sociabilidad: acoger a todos tal y como son. •     ‘

      –  Colaboración: dejar que el protagonista sea el grupo.

      – Talante democrático, que valora las aportaciones, vengan de quien vengan.

      – Solidaridad, integrado en la vida de los otros.

De ser solidario especialmente con los más pobres y pequeños del grupo.

– Optimismo ante la vida: con posturas positivas y reforzadoras.

–  Empatía y diálogo que exige ser sensible a los sentimientos de los demás.

– Sumisión: saber buscar juntos y aceptar la riqueza y vida del grupo.

–  Espíritu emprendedor, que viene de la capacidad de afrontar el riesgo.

– También procede del compromiso asumido con alegría y esperanza.

–  Madurez personal: afectividad equilibrada y positiva.

Se manifiesta en la responsabilidad ante la vida y ante el grupo.

Fraternidad: que el grupo entero reconozca a cada miembro como un valor. Como un hermano en quien encuentra apoyo, orientación y ayuda.

Pero el catequista no es sólo un simple animador de grupos. Es sobre todo u testigo adulto de la fe. Un intermediario entre Dios y los hombres, entre la Iglesia y le catequizandos.

Por eso necesita:

calor comunicativo, simpatía en vez de desconfianza.

     – imaginación creadora más que defensa crítica,

     – interés por participar, en lugar de imponer opiniones dogmáticas.

     – habilidad en el trabajo y capacidad directiva y animadora.

     – ideas claras y objetivos concretos.

     – Afán de participación para ser modelo de los otros

El catequista, en cuanto animador grupa!, tiene que saber armonizar:

  • La autoridad, que es actitud tan diferente del poder.

Sólo la experiencia hace posible una autoridad suave, benévola, con cordialidad, la generosidad, la disponibilidad. Y ello requiere grandes dosis de habilidad y soltura.

–  La claridad de objetivos, de modo que el grupo cumpla su razón de ser.

No hay que identificar el grupo de catequesis con uno de amigos.

–  El sentido religioso, ya que anima un grupo para educación de la fe. El catequista que no descubre su realidad de animador religioso suele tener problemas en la animación de su grupo concreto.

El grupo cristiano de catequesis

El grupo de catequesis no es un simple equipo de trabajo, no es una clase sin más, no es una convivencia cristiana, no es un conglomerado o una suma de individuos, ni tampoco es una verdadera comunidad, aunque muchas veces se le aplique el término.

Es una realidad nueva y original que se tiene que aglutinar. Es un pequeño conjunto de personas que puede evolucionar a comunidad. Además, por lo general, está compuesto de niños y jóvenes con todo lo que su inmadurez humana y espiritual implica

Como tal, tiene que verlo el catequista.

En lo humano

Está formado por pluralidad de personas y no todos pueden ser tratados de la misma forma. Cada miembro tiene su propia historia, sus condicionamientos, sus limitaciones… Existen relaciones mutuas entre los participantes. La interrelación permite que se suscite confianza, clima de diálogo, dinámica de encuentro y cohesión.

Participan en una finalidad compartida y aceptada por todos. El objetivo motiva al grupo y es fuente de  creatividad. Y realizan una tarea común de formación, que es su razón de ser.

Los miembros se compenetran entre sí. Cada uno aporta su riqueza, lo que es y lo que tiene. Los miembros van configurando una historia común. Es la historia del grupo, que sólo ellos pueden comprender bien. Es la que permite dialogar con otros grupos, compartir y contrastar la vida con los demás.

En lo religioso.

El grupo de catequesis es un reflejo de la Iglesia, comunidad de creyentes que aman a Cristo y viven de su espíritu sobrenatural.

En la medida de lo posible, también tiene que cultivar las virtudes cristianas: la comprensión y el amor, el sentido de respeto y la solidaridad, el amor a la justicia, la valoración de las personas.

El grupo de catequesis llega a la madurez cuando se siente dueño de sí, cuando tiene conciencia de que es vivo, cuando genera su propio dinamismo de crecimiento.

Se dan en el grupo formas de desarrollo humano; pero su riqueza está en los valores espirituales que se cultivan, se comparten y se promueven. Las personas se sienten acogidas y libres, porque se saben estimadas y mutuamente respetadas.  El grupo de catequesis nace para educar la fe de los miembros que lo componen y esto supone, instrucción, participación, colaboración, experiencias y vitalidad.

En lo pedagógico

El grupo debe tener claros los procedimientos y el catequista debe disponerlos para conseguir el desarrollo de los planes. Hay muchos tipos de grupos: de convivencia, de oración, de apostolado social, de sensibilización  misionera, etc. Cada uno tiene su función y su dinámica.

El grupo de catequesis busca una ayuda a la educación de la fe. Educación supone instrucción, supone formación y supone vida y compromiso. La originalidad de la catequesis y del grupo catequístico es que todo ello lo debe conseguir, no desde estructuras académicas ni desde formas más espirituales, sino desde las dinámicas catequísticas que son a la vez aptas para instruir en la doctrina cristiana, válidas para formar la conciencia recta y capaz de promover la educación de la fe.

  1. ANIMACIÓN DEL GRUPO CATEQUÉTICO

Animar un grupo es avivar el dinamismo que tiene dentro: suscitar, transformar, fomentar actitudes positivas, poner en movimiento recursos, favorecer la participación de todos.

El catequista, en cuanto animador, debe conocer en profundidad al grupo. Y debe revestirse de actitudes que estimulan su acción:

– Apertura a las personas y a la realidad en que viven para moverse con los catequizandos desde la realidad.

– Sociabilidad: acoger a todos tal y como son y descubrir los vínculos que les unen en cuanto grupo.

– Colaboración: dejar que el protagonismo lo lleven los miembros del grupo, superando actitudes académicas y no actuando sin otras más pastorales.

– Talante democrático, que lleva a valorar las aportaciones, vengan de quien vengan.

– Solidaridad, integración, servicio y dedicación, que facilita poner la propia vida a disposición de los otros: el tiempo, las simpatías, la confianza, hasta los posibles recursos materiales.

El catequista cristiano debe ser solidario especialmente con los más pobres y más pequeños del grupo.

– Optimismo ante la vida. Con posturas positivas y reforzadoras del bien la catequesis es viva; con desconfianza, susceptibilidad y pesimismo la catequesis es imposible.

– Empatía y diálogo, lo cual exige ser sensible a los sentimientos de los demás, saber renunciar a los propios gustos, ideas o deseos.

– Sumisión y sentido de la dependencia jerárquica. Se deber buscar la verdad y transmitirla como intermediarios, no como propietarios.

– Espíritu emprendedor, que brota de la capacidad de afrontar el riesgo. También procede del compromiso asumido con alegría y esperanza.

– Madurez personal: afectividad equilibrada y positiva. Se manifiesta en la responsabilidad ante sí mismo y ante cada uno de los miembros del grupo.

– Fraternidad: que el grupo entero reconozca a cada miembro como un valor, como un hermano en quien encuentra apoyo, orientación y ayuda.

Disposiciones

El catequista no es sólo un sim­ple animador de grupo. Es sobre todo un testigo adulto de la fe ante sus catequizandos todavía inmaduros. Es intermediario entre Dios y los hombres, entre la Iglesia y los catequizandos, para lograr el cultivo de los valores cristianos.

– Tiene siempre ideas claras y objetivos concretos, para servir de referencia.
– Debe ofrecer calor comunicativo, simpatía, comprensión, alegría, nunca desconfianzas.
– Posee imaginación creadora más que actitud de defensa mítica. Habla de Dios desde la fe, no desde la cultura y la razón.

– Muestra interés por participar y acoge la aportación con agradecimiento, en lugar de imponer opiniones dogmáticas sin oportunidad de interpelaciones o a veces de disentimiento.

– Encauza con habilidad el trabajo y pone su capacidad directiva y animadora al servicio de las personas no sólo de las ideas y de las doctrinas.

Labor del catequista

El catequista, en cuanto animador grupal, tiene que promover valores humanos. Sin auténticas virtudes naturales de dirigente y servidor, no podrá realizar la animación de la catequesis, por muy piadoso que sea. Por eso necesita, además del sentido religioso tres disposiciones básicas:

* La autoridad, que es actitud tan diferente del poder o de la fuerza. Sólo la experiencia hace posible una autoridad suave, benévola…

* La cordialidad, la generosidad, la disponibilidad, la bondad. Y ello requiere grandes dosis de habilidad y soltura generosa.

* La claridad de objetivos, de modo que el grupo cumpla su razón de ser. No hay que reducir el grupo de catequesis con uno convivencia o de trabajo.

Temas e ideas para reflexionar

Los grupos son realidades vivas y tienen una enrome influencia en la vida los jóvenes. Por eso se convierten en elemento obligado de referencia en la educación juvenil. En los terrenos evangélicos y culturales  también los grupos y los lenguajes grupales condicionan los sistemas de formación que se siguen en estas edades.

VOCABULARIO FUNDAMENTAL

Grupo: Reunión de personas que se ¡untan con un motivo concreto y

permanecen durante algún tiempos ligados por su actividad.

 Grupo de catequesis: es el que se junta con una intención formativa

y en el cual el catequista hace de animador para los catequizandos.

Líder: Es el animador del grupo, en el cual ejerce su autoridad o ascendiente,

bien la recibe de los organizadores, bien le surja de modo natural.

 Autoridad: ascendiente que se tiene sobre otros y también capacidad

de mando para con los demás que se someten con naturalidad.

Animación: actitud y disponibilidad para animar a las personas y

a los grupos, con miras a conseguir los objetivos fijados

Proyecto de grupo: plan que se propone un grupo y medios que se sugieren

o emplean para llevar a buen término los deseos o intenciones.

Procuremos tomar en nuestras notas datos sobre la marcha de los grupos, de manera particular sobre el grupo de catequesis en el que nos sentimos integrados o al que debemos animar.

Cual puede ser el mejor programa de formación del Catequista para lograr determinados rasgos y condiciones:

–  ” para contar con excelentes animadores de grupos”.

–  “para ser cultos, hábiles y capaces de acercarse a las personas”

–  “para manifestarse generosos, disponibles, sacrificados”

–  “y para ser expertos en relaciones humanas y en dirección de equipos”

El Catequista ideal, en cuanto animador de un grupo de Catequesis, tiene que ser:

      – previsor, exigente, liberal, autoritario,

      – flexible, hábil, interesado, culto, disciplinado,

      – comprensivo, sereno, enérgico…

 PISTAS PARA EL DIALOGO DE GRUPO

Podemos elaborar un mapa de situación: cómo son los grupos que conocemos, los que predominan en nuestra parroquia, los que más observamos de cerca por nuestra labor catequística:

  Tratar de hacer una radiografía, con rasgos como los siguientes:

           Armónicos, Desconcertantes, Diversificados

           Pasivos, Fáciles, Piadosos, Variables, Distantes, Desordenados

           Flexibles, Afectuosos, Inconsistentes, Dóciles, Cordiales, Flexibles

           Indiferentes, Activos, Discordantes, Serenos, Polivalentes, Abiertos

           Inestables, Homogéneos, Agradables

 Comportamiento de los miembros del grupo de catequesis que dirigimos y de los grupos que más conocemos. Cuál es el tipo de persona que predomina en nuestros grupos. Tratar de hacer un mapa de rasgos más generales con palabras como éstas:

            Benévolo Cordial Bondadoso

           Celoso, responsable, audaz  crítico, indiferente, interesado

            Inestable pasivo, observado, trabajador temeroso, confuso

            Obediente espontáneo, irregular, rebelde, revuelto, piadoso

   ¿Cuáles de estos elementos Interesantes para medir el valor y alcance de un grupo de catequesis parecen imprescindibles para funcionar bien en grupo?

   – número de personas que los forman…

   – intención de las personas dentro del grupo…

   – Sensibilidad religiosa del grupo…

   – tipología de los miembros: activos, pasivos…

   – lugares de encuentro y reunión…

   – tiempos de encuentro y duración de las reuniones.

   – duración del grupo…

   – experiencias grupales de los miembros…

   – animador y líder del grupo…

   – homogeneidad y subdivisión en grupos…

   – fidelidad, seriedad y eficacia de los encuentros…

   – capacidad de colaboración con otros grupos…

   – historia y pasado del grupo… y previsiones de cara al porvenir…

 

 

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