IMPORTANCIA DE LA PALABRA HUMANA COMO BASE DE LA PALABRA DE DIOS EN LOS CATEQUISTAS

SIGNIFICADO SACRAMENTAL DE LA PALABRA HUMANA COMO BASE DE LA PALABRA DE DIOS

Es muy útil conocer el valor y el significado de la palabra humana, puesto que en ella se funda la Palabra de Dios contenida en la Escritura. Muchas veces los cristianos pretendemos acercarnos a las realidades divinas sin conocer muy bien las realidades humanas. Y como dijimos anteriormente; ninguna realidad tiene significado a lo divino, sino tiene también significado a lo humano. Y es que para encontrarnos con el misterio de Dios tenemos que aprender a encontrarnos con el misterio del hombre.

Una de las cosas que más distinguen al ser humano es su vocación a la relación. Se dice de él que vive como un ser para los demás. Esto significa que es alguien siempre abierto a la espera de una relación. Toda su existencia se realiza a través de relaciones. Tan profundas a su vocación a la relación que es concebido en relación, nace para la relación, vive en relación y solo puede realizar su vida en la relación que establezca con el mundo, con la historia, con los demás y con Dios.

Así como es un ser de relaciones es también un ser de signos. Está lleno y rodeado de signos, inventa, emite, corrige, recibe signos que son como los puentes para encontrarse con los demás y establecer comunicación con ellos. Su cuerpo, sus ademanes, sus gentos, sus miradas, sus saludos sus actitudes, sus movimientos, todo en la persona es signo o señal de algo más profundo. Jesús encarnado en nuestra humanidad es el portador de la gracia del Padre que se nos entrega a través de todos los signos, humanos que lo acompañan.

Entre todos los signos humanos de la comunicación y del encuentro sobresale LA PALABRA como el más perfecto entre todos. Es inmaterial, invisible y misteriosa. Es el lazo espiritual que realiza la comunión de las intimidades. Sirve para la relación mutua entre personas. Es la relación que une a las personas en los más profundo de su ser. Por eso debió de haber sido elegida entre todos los signos humanos para ser la portadora de la manifestación que Dios hace de si mismo. Dios cuyo Hijo eterno es Palabra, se hace Palabra humana para ir al encuentro y establecer comunicación con los humanos.

Veamos la palabra humana, oral o escrita, más detalladamente, recorriendo algunos aspectos que nos hacen entenderla mejor.

  1. Palabra y silencio

La palabra nace del silencio y siempre va acompañada de él. Solo en un fondo de silencio se puede resaltar el valor y la fuerza espiritual de la palabra. Hay que callar para que nazca dentro de uno mismo y hay que saber callar para poder escucharla. El charlatán, el hablador, el que nunca para de decir cosas no sabe lo que vale la palabra. El que no aprende a guardar silencio tampoco sabrá escuchar la palabra. Muchas palabras huecas y vacías se dan, porque n nacen del silencio fecundo, muchas palabras importantes y valiosas no se escuchan, porque no se sabe guardar silencio.

  1. Palabra presencia

La Palabra es signo de la presencia. Hablar es estar y hacerse presente con toda la fuerza de nuestro ser. Siempre nos pone en contacto con aquel que la pronuncia, una carta, un CD, un celular, una llamada telefónica un simple recado, oral o escrito, recuerda la presencia de quien los emite. El artista Miguel Ángel, al terminar su famosa escultura de Moisés, lo golpeó suavemente en la frente y le dijo: habla. Era lo que le faltaba para hacerse presente.

  1. Palabra y revelación

Por la palabra se realiza la manifestación mutua de una persona a otra. Hablar es abrirse, exponerse y manifestarse. Es entregarse uno mismo. Es permitir que otra persona entre en uno mismo. Cuando hablamos nos exponemos a la mirada de los demás, incluso con el peligro de que nos conviertan en objetos. Por eso el que no quiere revelarse a otro prefiere mejor callar, con un silencio que es separación y aislamiento, miedo o rechazo. “En boca serrada no entran moscas”, dice el refrán.

  1. Palabra y promoción

La palabra humana tiene una fuerza de promoción. Hablar a otra persona es tanto como decirle que ella existe para mí. Es elevarla a mi nivel. Dirigir a otro mi palabra es hacerlo mi interlocutor, es promoverlo, , es ponerlo en la categoría de prójimo. Entre más alto está o es más importante aquel que nos dirige la palabra, tanto más nos sentimos elevados a su nivel (rey, presidente…). Negarle la palabra a alguien es tanto como decirle que él no existe para mí, es como aniquilarlo, dándole entender que es insignificante.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    Palabra y transformación

La palabra humana tiene un poder tan grande para transformar las cosas y las personas. Hay palabras que le dirigen a uno y se quedan para siempre dentro, en la mente y en el corazón (consejos de los padres, maestros, palabras de amigos…). La palabra se desliza en el interior y tiende a permanecer en la intimidad. Cuando se recibe uno no se libera fácilmente de ella. Tiene poder para destruir y para construir. Se parece a una semilla que se siembra en el interior donde germina. En cierto sentido cada persona es el resultado de las palabras que ha recibido y han permanecido en su interior. Por eso hoy la publicidad y la propaganda repiten muchas veces las mismas palabras, pues saben que cambia la mente y la conducta de la gente, por ejemplo: ¡tome coca cola!

palabra y comunicación

La palabra nos hace vivir la agradable y necesaria experiencia de la comunicación entre personas. Nos acerca unos y otros casi sin barreras. Donde dos, tres o más se hablan surge la maravilla del encuentro profundo entre la gente. Donde se pronuncia una palabra (¡auxilio!) Se busca la comunicación. El que habla busca un oído. El que oye busca una voz. Comunicar es la gran ambición que tiene toda palabra que se recibe o que se pronuncia. Por eso se dice que toda palabra es llamada. Interpelación y convocatoria para entrar en comunicación. Es muy significado cuando se pronuncia en público nuestro nombre y apellido. Toda nuestra persona se pone en escucha y atención.

Toda palabra al mismo tiempo provoca, evoca, y convoca a aquel que lo recibe

Palabra y actividad

La palabra tiene también una gran fuerza para generar acciones. En el principio de toda actividad hay siempre una palabra interior que estimula y conduce a la acción. Esa palabra interior pone en camino para llevar a cabo proyectos y obras que sin ella no se hubieran podido realizar.  Es el caso del hijo prodigo que dice en su interior: “me levantaré, iré a mi Padre y le diré…”. La palabra que brota de dentro lanza hacia un futuro de cambios y de compromisos. Así sucede, por ejemplo, cuando alguien pronuncia el sí del matrimonio o de la vida religiosa, o cuando una persona cierra un trato con otra.

  h) Palabra y fe

La palabra existe para entregar la verdad y por tanto para buscar la fe del otro. Toda palabra aguarda la fe del oyente. Se habla para que otro crea, adhiriéndose a una palabra para construir con ella la verdad. Cuando la palabra miente entonces destroza la verdad y se hace perversa. La palabra invita a otro a que se fíe, a que deposite su confianza, porque aceptar la palabra, de alguien es aceptar su persona, pues palabra y persona son la misma cosa. Por eso muchas veces se dice para convencer a otro: “te doy mi palabra”, es decir, pongo mi persona de por medio.

Todas estas riquezas de la palabra humana están presentes en la Palabra de Dios. Per eso cuanto más aprecio y conocimiento tenemos de la palabra de los hombres, tanto más lograremos comprender la profundidad de la Palabra de Dios.

Tomado del libro:

Como leer la Biblia con ojos de catequista.

Autor P. Francisco Merlos arroyo

Lic. En catequesis y Experto en catequesis

Asesor del “CAEIE”

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