LA EXPERIENCIA CRISTIANA EN LA CATEQUESIS, ES EXPERIENCIA DE FRATERNIDAD AL ESTILO DE JESUCRISTO

LA EXPERIENCIA CRISTIANA EN LA CATEQUESIS, ES EXPERIENCIA DE FRATERNIDAD AL ESTILO DE CRISTO

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LA EXPERIENCIA CRISTIANA EN LA CATEQUESIS

Vivir la experiencia de Dios al estilo de Cristo es descubrir que Dios es Padre y reconocer a los hombres como hermanos. Por eso la experiencia cristiana es y tiene que ser experiencia de fraternidad con todas sus implicaciones y todas sus consecuencias de orden práctico. Vivir la experiencia de Dios en la Iglesia es descubrir que el otro, llámese prójimo o hermano, es lugar de encuentro con Dios y reconocer que el amor de Dios pasa por el amor al hermano. Por eso la experiencia cristiana es y tiene que ser experiencia de solidaridad que se manifiesta en acciones concretas de servicio y no sólo en palabras.

Vivir  la experiencia de Dios al estilo de Cristo y en la Iglesia es aceptar la invasión del amor de Dios en la vida y en la historia para transformarla. Por eso la experiencia cristiana es y tiene que ser experiencia de salvación de todo el hombre y de todos los hombres, salvación que acontece en el aquí y en el ahora y se prolonga hacia la vida que no termina.

Si la enseñanza religiosa de otras épocas pudo permitir la privatización de la fe desde una comprensión individualista e histórica de la salvación que propiciaba un espiritualismo utilitarista, según el cual la religión “sirve” para salvarse, lo que, a su vez, dio lugar a inmovilismo y pasividad en espera de una recompensa futura, e incluso al asistencialismo paternalista para conseguir el premio, fue tal vez porque había dejado de alimentarse en la primera experiencia cristiana: la experiencia de Jesús y sus discípulos que es la experiencia del reino.

Pero al volver los ojos hacia la fuente de la experiencia cristiana, la teología y, con ella, la catequesis encontraron que esta experiencia de fraternidad, que es al mismo tiempo, solidaridad y salvación, vivida al de Cristo es la que él anunció e hizo presente con su vida: “El Reino de Dios está aquí; conviértanse y acepten la buena noticia de la salvación” (Mc 1.14). Experiencia vivida en la Iglesia como la de los primeros discípulos que en el encuentro con Jesús experimentaron la irrupción del reino de Dios en sus vidas y dieron testimonio de amor solidario, comprometiéndose en hacer presente entre los hombres el amor de Dios. El reino de Dios no está arriba, en el cielo, y en el más allá, sino que comienza a construirse aquí y ahora; exige el cambio de corazón para poder aceptar las buenas noticias del amor de Dios; es experiencia de salvación, porque el encuentro con Jesús transforma a las personas y libera de toda esclavitud; es invitación y no imposición; crece y transforma lo que está a su alrededor; es el reino del amor que se manifiesta en justicia y solidaridad; es el reino del amor misericordioso del Padre: amor de hermanos, amor sin restricciones, amor al enemigo, amor que da la vida.

Por estas razones la catequesis de hoy y de todos los tiempos no puede ignorar la dimensión comunitaria de la experiencia cristiana ni puede perder la vista que la fe tiene una dimensión política que le viene dada por su misma dimensión social.

Al igual que toda actividad humana, incluso la más neutra, la fe tiene una dimensión política y un compromiso, pues cuando el hombre se pregunta por el sentido de cualquiera de sus actividades, opciones o compromisos, descubre el sentido histórico de su quehacer, que necesariamente tiene dimensiones políticas, y el sentido profundo de la historia como un proceso de liberación de cuanto impide a los hombres y a los pueblos su plena realización. Asimismo tiene que tener en claro la catequesis que el Dios de la revelación está comprometido en la liberación del hombre y no se acomoda a los proyectos humanos que dejan a su paso huellas de injusticia, que la salvación es histórica y que no hay salvación si no hay liberación de todo lo que impide al hombre realizarse como hombre, que la salvación abarca a todo el hombre y a todos los hombres: salvación no se refiere al premio en la otra vida, sino que es la plena realización de las aspiraciones verdaderamente humanas y la liberación de todo lo que impide ser plenamente hombre.

La catequesis también tiene que partir del reconocimiento de que la fe es histórica, depende de la experiencia humana y el compromiso cristiano es con los hombres y con su historia. Por eso la Catequesis tiene que incluir las aspiraciones humanas y tener en cuenta el contexto social, económico, político y cultural para denunciar las injusticias y comprometerse en la construcción de un mundo más humano, y la catequesis tiene que enseriar a vivir la experiencia de fraternidad, que es solidaridad y salvación, y que se concreta en estas características de la civilización del amor.

El reconocimiento de los hombres como hermanos, porque se ha descubierto que Dios es Padre y el consiguiente compromiso de solidaridad es, ciertamente, el objetivo, a la vez la metodología activa y dinámica en la que se aprenda a vivir la fraternidad, y el contenido tiene que incluir la realidad social con los conflictos que impiden a los hombres ser felices y con todas sus aspiraciones que son las que ponen en movimiento la actividad humana.

 

Isabel Corpas de Posada

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