LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA DEL CATEQUISTA

LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU EN LA VIDA DEL CATEQUISTA

 

El catequista vive animado por el Espíritu de Jesús, pide su guía y su aliento para ser fiel a su misión y poder anunciar el Evangelio.

Para trabajar en grupos

Los frutos del Espíritu en la vida del catequista

Leemos el texto de Gálatas 5, 22

Recortamos siete campanas de cartulina y le ponemos a cada una el nombre de uno de los frutos del Espíritu (conviene que las campanas sean grandes).

Nos dividimos en parejas (y si somos pocos cada uno trabaja con una campana). A cada pareja se le da una campana y la siguiente guía:

  • ¿Qué significa ser campana de caridad, alegría, paz… (Cada uno completa según su campana) en la vida de un catequista?
  • Nombrar tres actitudes que como catequista ayudan a que suene, esa campana.
  • Nombrar tres actitudes que como catequista no ayudan a que la campana suene, actitudes que ahogan ese fruto, que no lo muestran, que no lo transmiten.
  • Escribir una pequeña oración que comience con la frase: «Espíritu de Jesús ayúdanos a ser campana de…»

Las actitudes y la oración se escriben dentro de la campana de cartulina.

Se pone en común lo trabajado en los grupos (o individualmente si son pocos).

En ronda realizamos una oración compartida. Si es posible tener una campana de verdad, a medida que cada catequista va haciendo su oración personal en voz alta, al terminar hace sonar la campana y se la pasa al de al lado.

Entre todos escribir una nueva campana con un compromiso común a intentar vivir como catequistas. Colgar esa campana en un lugar visible dentro de la parroquia, colegio o capilla.

Terminar con un canto al Espíritu Santo.

El origen de la palabra catequista es «hacer resonar».

La imagen con que asociamos este significado tan motivador de ser catequista, es «con una campana».

¿Alguien recuerda alguna vez que se guío por una campana… Alguien se dejo conducir por el sonido el repique de una campana?

¿Cómo está «sonando» nuestra campana en estos tiempos?

¿Estamos dando los frutos con los dones que el Espíritu nos ha dado y que Dios espera de nosotros?

Yo me acuerdo mucho de dos:

La campana de la escuela… Señalaba el comienzo (¡alegría!) del recreo, y también su finalización (no tanta alegría…)

La campana de la parroquia… Marcaba las horas del día sobre todo a las doce al medio día para rezar el ANGELUS y sonaba con fuerza antes de cada misa dominical llamando a la comunidad.

La campana era una señal, con su tañido nos hablaba de otra realidad más importante y trascendente que su sonido mismo.

Ser catequista tiene mucho que ver con ser campana.

Nuestro sonido o sea (nuestra vida, nuestra palabra, nuestro testimonio con los niños y niñas de nuestros centros) debe ser capaz de evocar algo más importante que nos trasciende: la Palabra de Dios, el encuentro con Jesús

Estas dos cosas, provocan el ir configurándonos en otros Cristos..

El sonido de la campana es signo… y también lo es nuestra misión de catequista.

Signos de vida nueva a la que Dios nos invita

Signo de la compañía de Dios de su presencia de su cercanía, que nos da la certeza de que camina a nuestro lado y que no es indiferente a las cosas que pasan en el mundo.

Gálatas 5, 22

«El fruto del Espíritu es caridad, alegría, paz, comprensión de los demás, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo.»

Ser catequista es anunciar la Palabra de Jesús, dar testimonio del Evangelio, con nuestra palabra y nuestra vida.

ES HACER SONAR Y RESONAR EN NUESTROS CORAZONES EL MENSAJE DE SALVACÍON Y EL AMOR DE DIOS COMO PROMESA PARA TODOS. Y QUE ESE SONIDO LO ESCUCHEN TODOS CON ESPERANZA Y ALEGRÍA

Signo de la comunidad que nace en torno a:

La palabra

La oración

La enseñanza

Los sacramentos

El compartir

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