TEMA: CATEQUESIS EXPERIENCIA VIVA DE FE

EXPERIENCIA Y CATEQUESIS

 

Hola Queridos catequistas!! ¿Cómo están?

Ay que tomar en cuenta esta parte importante al realizar  nuestro Ministerio en la catequesis

Para que nuestra catequesis sea encarnada. Tiene que ser una catequesis viva de fe, que parta de la experiencia que viven los catequizandos. Tiene que tomar en primer lugar a la persona, conocerla y saber todo su contexto en el que vive, saber¿qué vive? ¿como vive? ¿con quién vive?. Es muy importante dialogar con ello para saber que es lo que trae en su interior. Se puede dar que tengan niños violados y ustedes no se han dado cuenta. El niño no se los va a contar, menos si no te interesas por el.  Hagamos nuestra catequesis como Jesús la realizó, ocupándonos por  los que el Señor nos ha encomendado.

  1. Durante el posconcilio se ha insistido mucho en la importancia que laexperienciatiene en catequesis: la experiencia humana común y la experiencia de fe. Como tal, experiencia se distingue de experimento, operación que en las ciencias físicas, químicas y naturales está destinada a descubrir, comprobar o demostrar determinados fenómenos o principios científicos. Experiencia es la conciencia más inmediata de la realidad. Es siempre algo sentido o vivido; por esto, se opone a la especulación o al pensamiento puro. Hablar de experiencia humana plenamente formada supone normalmente: atención al hecho, toma de conciencia, juicio e interpretación y, según los casos, toma de actitud.
  2. Una catequesis, que considere seriamente al hombre, toma en profundidad su vida y las diferentes situaciones por las que atraviesa, sus experiencias de mayor amplitud e importancia, tanto personal como social, así como los interrogantes que surgen de tales situaciones(DGC 117). Se sigue así el ejemplo del Concilio: Todo el Concilio, en un sentido, se ha dirigido al hombre, no para detenerse en él, sino para considerarlo seriamente(Pablo VI, Discurso de clausura). De este modo, en diálogo con el hombre de hoy, la catequesis asume sus gozos y esperanzas, sus tristezas y angustias (GS 1).
  3. Una catequesis viva asume la experiencia humana común, pero no se queda ahí, en el plano de los hechos físicos, psíquicos o sociológicos. Esto sería tan incompleto como no tenerlos en cuenta: La experiencia, considerada en sí misma, debe ser iluminada por la luz de la revelación(DCG 74;ver GS 36). Una catequesis viva asume la experiencia de fe, es decir, supone una interpretación de los acontecimientos a la luz de la Palabra de Dios(Medellín VIII 5 y 6;ver MPD 9;CT 27;CC 223 y 228;Sínodo 1985,Relación final II,B,a,1) y una experiencia de la Palabra de Dios en el fondo de los acontecimientos.
  4. La Palabra de Dios no sólo da al hombre, que busca, una nueva interpretación de sus experiencias e interrogantes. Crea esperanzas y necesidades nuevas, desborda las preguntas que determinada persona o grupo se plantea dentro de su medio y de su mundo. No es ya el hombre quien cuestiona a la Palabra, sino la Palabra quien cuestiona al hombre, haciendo saltar la comprensión (de sí mismo, del mundo o de Dios) que previamente se hubiera construido. No se trata solamente de dar una significacióna la existencia humana, sino de transformarla, de introducirla en una nueva existencia. La persona adquiere una nueva identidad, es un hombre nuevoque nace (Jn 3,7;ver DGC 67 y 152).
  5. Una catequesis viva asume el carácter histórico del misterio de la salvación, que(alcanzando su cumbre en Cristo) despliega su poder en el presente y espera su consumación en el futuro(ver DGC 107 y 24). La salvación de Dios no es sólo doctrina, sino también acontecimiento. En realidad, la Biblia no es un tratado sobre Dios, sino la transcripción de la más profunda experiencia de Dios. No nos invita a hablar de Dios, sino a escucharle cuando habla, proclamando su gloria y acogiendo su acción. Por tanto, tener fe no es meramente admitir la existencia de Dios, sino creer que Dios interviene en la historia humana, una historia de la que somos responsables pero no señoresconstructores pero no directores. El Dios vivo no es nunca pasado, por doquier nos sale al paso.
  6. En la Biblia, la experiencia central es ésta: Dios habla, de muchas maneras(Hb 1,1), en el fondo de los acontecimientos. En cualquier situación humana, ya sea personal, social o eclesial, podemos reconocer la acción elocuente y significativa de Dios: Dios habla, Dios actúa. La Palabra de Dios es una palabra que se cumple(Ez 12,28), viva y eficaz (Hb 4,12), operante en medio de nosotros (1 Ts 2,13). Por tanto, tener fe no es creer lo que no vimos, sino ver aquello que parece increíble. Como dice San Pablo: En vuestros días yo voy a realizar una obra que no creeréis aunque nos la cuenten (Hch 13,42). En efecto, hay acontecimientos que no nos dejan indiferentes, sino que se convierten en señal.
  7. Cuando Juan el Bautista, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envía a sus discípulos a preguntarle si era el que había de veniro si había que esperar a otro, Jesús les remite a lo que están viendo y oyendo. Se dan las señales esperadasLos ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva(Mt 11,5). También hoy la experiencia de fe tiene estas señales. Lo mejor que puede suceder a quien está buscando es encontrarse (como decía San Juan de la Cruz, por ventura) con una señal que le atraiga a la fe.
  8. Para quien busca la luz o busca a Dios, quizá a tientas(Hch 17,27), la respuesta no está en las nubes de los razonamientos teóricos. La respuesta es la experiencia de fe. Lo dijo Pablo VI: En el fondo ¿hay otra forma de comunicar el Evangelio que no sea la de transmitir a otro la propia experiencia de fe?(EN 46; DGC 66 y 87). En último término, el test que Pablo hace a la comunidad de Corinto no es otro sino el test de la experiencia: Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe…¿No reconocéis que Jesucristo está entre vosotros? (2 Co 13,5). El kerygma (anuncio del Evangelio) supone la experiencia presente de fe: “El kerygma, tomado en su sentido pleno, tiene vigencia actual y, por la fuerza del Espíritu, potencia y hace presente la Buena Nueva que se anuncia” (K. Rahner).
  9. El mensaje cristiano anuncia no sólo la experiencia de Dios, sino la experiencia de Cristo: CON VOSOTROS ESTA, según su promesa (Mt 28,20). Es preciso que esto sea anunciado, para que sea creídoy para que sea vivido(ver Rm 10,14-17). La presencia de Cristo no es algo evidente por sí mismo. El Señor Resucitado es reconocido sólo por creyentes y los propios discípulos tardan en reconocerle (Lc 24,25). En cada proceso de evangelización, es fundamental que la experiencia de Cristo se anuncie claramente desde el principio: se trata de construir sobre la piedra angular (ver 1 Co 3,11 y Sal 118,22).
  10. Si Dios habla (de la forma que sea), el creyente ha de escuchar. Ello supone un respeto a la iniciativa de Dios(quien habla es Dios, no el hombre), un discernimiento imprescindible(personal, pastoral, comunitario) y, finalmente, la acogida de algo que, por encima de todo, es don de Dios (no producto del hombre). Ciertamente, además, toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia (2 Tm 3,16-17), pero hay situaciones cuyo contexto manifiesta significativamente que Dios sigue hablando, o que Cristo se mete en la conversación, como sucedió a los caminantes de Emaús (Lc 24,32). Frente a la alucinación (individual y enfermiza), la experiencia de fe puede ser percibida y discernida por 500 hermanos a la vez (1 Co 15,6). La comunidad ayuda a objetivar, a discernir la experiencia de fe, a verificar qué relación se da entre la escucha de la Palabra de Dios y la realidad (ver Hch 10).
  11. La Palabra de Dios trasciende todo método: se cumple en la dinámica del Espíritu. Se requiere, eso sí, una actitud de escucha y un fiel discernimiento, que respete la iniciativa de Dios y acoja en cada caso el don de Dios, más allá de todo racionalismo(que considera imposibleque Dios hable hoy), más allá de todo iluminismo (que ofreciera una falsa iluminación o una nueva revelación) y más allá también de toda magia, juego o manipulación (que pretendiera malamente hacerle hablar a Dios).
  12. Ahora bien ¿qué relaciónexiste entre la experiencia humana común y la experiencia de fe? La reducciónde una a otra no es solución. Tampoco lo es la yuxtaposición de ambas. El famoso problema del salto, de la experiencia humana a la iluminación cristiana, manifiesta la falsedad de un proceso no llevado sobre la experiencia viva y real. El verdadero desafío, la solución, está en la interacción, la relación fecunda entre la Palabra de Dios y la vida del hombre, la integración de la experiencia humana común en la experiencia de fe. La experiencia de fe asume la experiencia humana común y supone una configuración nueva y total de la propia experiencia (ver DGC 153 y 87). * ¿Qué relación se da entre experiencia y catequesis? ¿Qué relación se da entre la escucha de la Palabra y la realidad? Leer y comentar Hch 10: ¿Qué percibimos?
  13. La experiencia no es sólo individual y personal, sino también colectiva y social. Importa la personae importa la sociedad. Por tanto, no se puede reducir el horizonte del hombre, encerrándolo en sus dimensiones subjetivas, individuales, limitadas al presente, sin proyección histórica y social. Tampoco se puede reducir el horizonte del Evangelio al solo terreno religioso, desinteresándose de los problemas temporales del hombre(EN 34). El Evangelio está en conexión necesaria con la promoción humana (EN 31).
  14. Por tanto, la experiencia de fe no puede limitarse a una dimensión privada personal, incluye una relación social y política consistente en un carácter de conflicto y contradicción con la realidad presente, es decir, con el mundo tal y como está configurado. Esta contestación dirigida a la configuración presente de la sociedad se realiza no aisladamente y por libre, sino en comunidad. De esta manera, la experiencia comunitaria de la fe es una instancia crítica en medio de la sociedad.

 

Tomado de Comalaya.es

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